Peregrin@s ilustres – Enoturismo en el Camino de Santiago

26 Ago

Maestros del camino del vino

Siguiendo con el binomio enoturismo y Camino de Santiago en este post tengo el placer de contar con un ilustre peregrino.  Se trata de José Antonio Cruz, director de Entrevinos, consultoría y agencia especializada en organizar viajes, catas y demás eventos exclusivos en torno al mundo del vino y autor del libro Enoturismo en el Camino de Santiago, obra galardonada con el Gourmand Wine Book Awards 2010. Su mejor recomendación al viajero: “Que caten los Caminos, hay que verlos, comerlos y beberlos.

El Camino de Santiago recorre algunas de las regiones vinícolas más conocidas de España. Y monasterios, señoríos… son palabras a veces muy unidas al mundo del vino. ¿Qué papel tenía la viticultura en la Edad Media? ¿Qué nos ha llegado hasta hoy desde entonces?

Y de Europa también, tened en cuenta que los Caminos de Santiago pueblan Europa desde el este y el sur y transitan por zonas vitivinícolas muy conocidas como Tokaji, Rin, Mosela, Loira, Borgoña, Burdeos, Champaña, Ródano, Provenza, Piamonte, Lombardía, Toscana, Apulia, … Y en España recorren Navarra, Aragón, Rioja, Burgos, León, Bierzo, Valdeorras, Ribeira Sacra, Rías Baixas… Los monarcas europeos encargan a la iglesia que funde monasterios y hospitalerías en los Caminos para poblarlos y frenar el avance del mundo islámico. Los monjes franceses de la Borgoña fundan el Monasterio de Irache, por ejemplo, en el siglo IX, y traen, además de las oraciones y rituales de culto, su huerta, sus conocimientos agrícolas, su viticultura, etc. El vino en la Edad Media es fundamental, la comida se basa en el pan y el vino, y no solamente la comida, en los rituales eclesiásticos el vino es tan esencial que lo convierten en la sangre de Cristo en su ceremonia principal. El legado del vino es el legado de la tierra, nos llega una cultura que sin solución de continuidad viene desde Mesopotamia hasta nuestros días y que se ha expandido en todo el mundo como símbolo de civilización y de cultura.

Recorriendo estas regiones, en su libro describe otro tipo de ”peregrinación”. ¿Puede explicarnos este “modelo de viaje?

 Recorrer los Caminos se ha convertido en una oportunidad para que el viajero descubra sus recodos, las paradas, lo que ofrece la tierra y las gentes de cada lugar. Propongo, sin polemizar ni excluir a nadie, un viaje “exterior”, que el peregrino se sumerja en los placeres mundanos y se impregne de ellos. El vino y la gastronomía son un magnífico símbolo para este viaje. Hay que comer y beber, charlar con los lugareños, conocer sus costumbres, visitar y desentrañar los mensajes que nuestros predecesores nos dejaron en el rico patrimonio monumental que jalonan los Caminos, descubrir las leyendas que aparecen en cualquier vuelta del Camino. Seguramente esta actitud nos lleve a que nuestro viaje sea más largo, que dure más, estupendo, terminaremos más experimentados y con la mochila llena de placer.

 ¿Cuál es el atractivo principal de ese modelo de viaje? ¿Qué lo hace diferente?

Hasta ahora nos habían presentado eso del “viaje interior”, una preocupación para “expiar culpas” propias o ajenas. Este otro viaje que propongo es más hedonista, es un viaje de descubrimiento del paisaje y del paisanaje.

¿Qué experiencia puede esperar el viajero que inicie un viaje así?

Una experiencia que le sabrá a gloria. El cielo y la tierra son compatibles, pero hay que pisar y pasar seguro. Hoy que tenemos tantísima información de cualquier sitio al alcance de nuestra mano, cuando parece que todo está globalizado y uniformizado, la experiencia de lo local, lo pequeño, lo que está casi escondido en los recodos del Camino, proporciona una satisfacción inmensa, el conocimiento es también placer.

De alguna forma, en  el libro incita a un acercamiento del consumidor al origen del producto. A la calidad  del producto de la tierra. ¿Se ha perdido este contacto entre persona y producto?

Es una pena, pero así es. La uniformidad se está imponiendo a pasos agigantados, por eso cada vez más gente valoramos muy positivamente los productos locales. Es muy difícil que haya desarrollo y territorios sostenibles sin productos locales. Y para los viajeros modernos, descubrir esos productos locales es una maravilla.

¿Qué recomendación daría a los “peregrinos de a pie”?

Que sufran poco, que espacien su viaje y que les dé más tiempo a estar para estar en los sitios, que no les pase el Camino por encima. Se puede hacer mejor en varios años, que en uno sólo.

¿Y a los peregrinos vinícolas?

Que disfruten y comparen la riqueza vitivinícola del Camino. De bodega en bodega, de viña en viña… para enriquecer nuestra alma de los placeres del Camino.

¿Cuál es su mejor recomendación para el “Camino”?

Que “caten” los Caminos, hay que verlos, comerlos y beberlos.

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