Lo peor que le puede pasar a un croissant…

12 Ago

Croissant! S'il vous plaît!

… es que lo mancillen, que lo adulteren, que le cambien el nombre, el aspecto, el sabor e incluso el tamaño. Es decir, no haber nacido, crecido y que no haya sido servido en el país que le ha dado nombre.

A esta conclusión llegué durante un desayuno delante de la catedral de Orleáns. Supongo que un tanto afectado a esa francofiliosis galopante que me persigue últimamente. Y seguramente también influenciado por ser el primer desayuno decente tras dos días pedaleando por la estepa y el hecho de haberlo disfrutado delante de un escenario incomparable como es semejante catedral.

De todas formas, aún sin estar basada esta afirmación en hechos probados y estadísticas comparadas, sino en una simple y mera observación, me explico.

Un croissant adopta distintas formas, texturas, sabores e incluso nombres dependiendo del país donde se consuma. Haciendo un análisis comparativo de tres países, España como país de nacimiento, Alemania como país adoptivo y Francia como país en el que actualmente estoy –y con el que tengo que llevarme bien por la cuenta que me trae-, veo algunas diferencias.

Cruasán

Cruasán Español

Croissant Español (también llamado en algunos círculos “Curasán o Cruasán”)  Más calórico, más grasiento, más regordete , castizo y más bravo, más de hinchar pecho a lo “machote” acostumbrado a pelear por su honor en las barras de las cafeterías de Madrid contra a los churros y las porras. Más pegajoso y empalagoso pero también más dulzón y sabroso. Algo así como más emocional, del sur o südländer...

 

Ejemplar de "Kroissant"

Ejemplar de "Kroissant"

Kroissant” Alemán. Es una especie de Kroissant –pronunciado en francés con acento germano- más largo, estirado, esbelto, alineado, equilibrado… En su justa medida, más matemático y calculado. No tiene ni una caloría de más ni una de menos, abultamiento perfecto, diámetro optimizado, cuernos simétricos y dulzura la justa… incluso tirando a menos para mantener la línea. En algunos casos incluso biológico. Y de sabor ni fu ni fa. Simplemente pasable y a la medida.

Croissant francés

Croissant Francés.  Dulce y sabroso pero sin llegar a ser empalagoso o pegajoso. Libre de ataduras y medidas incluso para aportar un par de calorías de más cuando sea necesario. Ni estirado ni regordete sino hecho para disfrutarlo en cada momento. En definitiva, francés y très chic, una auténtica simbiosis entre la razón y los sentidos.

Reconozco abiertamente que hay que estar ocioso para ocuparse con semejantes observaciones. Pero nadie se puede imaginar lo bien que me sentó aquel croissant delante de la Cartedral de Orleans y lo que pude disfrutarlo.

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